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6月1日 Al hablar de guerras y luchas entre pueblos pocos saben que la belicosidad empieza en los pensamientos de cada uno y que sumados por miles o millones, termina convirtiéndose en guerras y disputas donde mueren personas y se destruye todo como un tsunami. Allí en lo pensamientos empezamos a odiar, a querer tener lo que el otro tiene, a desearle al vecino que nada le vaya bien y a ponerle zancadillas por encima creyéndonos mejor que el.
El ser humano pone su maquina en funcionamiento, mucho de todo esto comienza en la codicia ¡tengo que tener lo que tiene mi vecino! tal vez no me corresponde, es decir, sería mejor que yo no lo tuviera, sin embargo lo quiero tener, para ello casi imperceptiblemente ponemos en movimiento una estrategia para obtenerlo. Ese juego astuto comienza en nuestra cabeza, en nuestros pensamientos: ¿Como puedo obtener eso sin falta?, a veces creemos que con la sonrisa bastaría, más tarde dando la razón donde antes nunca la hubiésemos dado y al final intentando convencer al otro de esto o aquello para conseguir lo que nos habíamos propuesto.
¡ En vista de que el prójimo no quiere darme libremente lo que yo quiero y a mi no termina de dar resultados, entonces me disgusto!. Ese incipiente disgusto va a los sentimientos, donde sentimos que estamos realmente afectados y que el prójimo no está actuando del todo bien conmigo; en este punto los pensamientos se tornan lentamente mas agresivos y la palabras cada vez más exigentes: nos gustaría acorralar al prójimo. En ese momento es como si el mundo cayera encima y no sería suficiente para hacerle pagar todo lo que me está provocando. Es un juego cruel el que emite nuestra cabeza cuando no satisfacemos nuestros deseos.
No es extraño que las personas nos volvamos cada vez más duras y agresivas y menos animosas. El no tener lo que otros tienen y vivir añorándolo nos hacen personas frustradas y poco agradecidas y todo esto termina muchas veces en depresión, a veces con secuelas de por vida. Siempre se trata de la voluntad propia de uno: Yo quiero esto, quiero lo otro. Y la voluntad propia, que deja muy poco espacio para que la vida nos conduzca, ha veces nos hace mas duros con el prójimo. Para muchos esta dureza y falta de aceptación y madurez, les lleva a cometer autenticas locuras a coger un arma para obtener con violencia lo que por las vías pacificas no consiguió y eso significa lucha, lucha por ser más y mejor, lucha contra mi prójimo, lucha contra la naturaleza, lucha contra la avaricia y la codicia.
La ciencia ha podido demonstrar que cada pensamiento es energía y que ninguna energía se pierde, ¿Entonces dónde van todos esos pensamientos agresivos y violentos que ha generado? Estos no sólo se emiten hacia fuera, sino que también se dirigen hacia adentro, hacia a nosotros mismos, influyendo en cada célula de nuestro cuerpo donde quedan registrados, también en nuestros nervios. Entonces la guerra que empezó en nuestros pensamientos contra el prójimo, termina siendo un martirio en nuestros órganos contra uno mismo; un órgano combate al otro, los nervios conducen esta conducta agresiva por todo el organismo, y al final caemos enfermos.
El ser humano siempre ha sido el causante de lo que pasa al su alrededor de lo bueno o de lo malo, y que llega muchas veces hacer autenticas barbaridades para echar la culpa al prójimo, de las desgracias que le pasa a el. Nada pasa por casualidad, pues existe la ley universal de causa y efecto, también llamada de siembra y cosecha, la que lo ordena todo, ya sea en esta vida o en la siguiente. sin embargo cada día es una nueva oportunidad irrepetible que nos da la vida, para sacar de dentro de nosotros lo mas positivo para que en el futuro seamos capaces de reconocer lo que hicimos mal, perdonar y pedir perdón al prójimo, de todo lo que hemos podido causar por nuestra avaricia y codicia.
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