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日志


2月1日

La Globalización y la Pobreza

  
Lo que vemos todos los días por los medios audiovisuales y por la prensa escrita probablemente no va a sorprender a nadie, pues el que la gente viva mucho mejor en el norte que en el sur del planeta está tan asumido como el que haya día y noche. Y las cosas van a peor. Un informe de las Naciones Unidas de hace seis años afirmaba que en 1960 la proporción entre ricos y pobres era de 1 a 30 (un norteamericano o europeo valía lo que 30 haitianos). Ahora 47 años después, sin comunismo, con avances democráticos y el todopoderoso y todo prometedor capitalismo neoliberal, la proporción no ha disminuido, ni siquiera se ha mantenido, sino que ha pasado a ser de 1 a 60. Y si se compara los más ricos de los ricos con los más pobres de los pobres esta proporción es de 1 a 180.
 
Los países africanos son los que llevan la peor parte y especialmente Ruanda se han convertido en la expresión más macabra del misterio de iniquidad en nuestros días. Para quien tenga ojos limpios y corazón de carne, la tragedia de la familia humana es inocultable: cientos de miles de muertes violentas, epidemias de cólera, disentería, meningitis, el sida desde hace años, y, acompañándolo todo y sin visos de solución, la pobreza permanente, en aumento en muchas partes, inhumana y cruel. Y con Ruanda, ha vuelto a salir a la luz todo el Tercer Mundo y especialmente el de África. Aun sin llegar a los extremos de Ruanda, por muchas partes se oye que «crece la producción del Tercer Mundo ha aumentado en los últimos años, y sin embargo sus ingresos se han reducido la pobreza y que la situación es peor».

Otro país africano es Mozambique esto hace que tengan aún más problemas para hacer frente a un endeudamiento propiciado desde el mundo industrializado. El pago de la deuda en Mozambique supone el 350% de lo que produce. El aspecto del acuerdo del GATT que más afecta al tercer mundo es la liberación del comercio agropecuario. La progresiva eliminación de las medidas proteccionistas sobre estos productos supondrá dar un empuje aún mayor a la agricultura industrial de las grandes empresas, en detrimento de las pequeñas explotaciones familiares tradicionales. La liberalización total de las inversiones pondrá a los países dependientes de éstas aún más a merced de las decisiones de las grandes multinacionales.

¿Una vez más, aunque sea como voz que clama en el desierto, hay que volver a decir cómo está nuestro mundo que en poco o nada se parece a cómo nos lo pintan y nos los profetizan los maestros del capitalismo neoliberal?.

Hay un "misterio" que debemos explicar: ¿Cómo es posible que si las corporaciones han realizado inversiones, y la ayuda extranjera y los préstamos internacionales a los países pobres se han incrementado de manera extraordinaria por todo el mundo en la última mitad del siglo, también lo haya hecho la pobreza? El número de personas viviendo en la pobreza está creciendo en un porcentaje más rápido que la población mundial. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? En la última mitad del siglo, las industrias y los bancos de Estados Unidos (y otras corporaciones occidentales) han invertido grandes cantidades en las regiones pobres de Asia, África y América Latina, conocidas como "el tercer mundo". Las transnacionales están unidas por los ricos recursos naturales, las altas ganancias que vienen de salarios bajos y la casi total ausencia de impuestos, regulaciones medioambientales y gastos para la seguridad en el trabajo.

“Hasta la fecha la globalización no condujo en el planeta a la creación de oportunidades de trabajo dignas que sean suficientes y sostenibles. Eso tiene que cambiar, y como han dicho numerosos gobernantes, debemos convertir al trabajo digno en un objetivo central de todas las políticas económicas y sociales”.

Nuestra Tierra podría alimentar por lo menos al doble de la población mundial actual. Alimentar quiere decir procurar a cada hombre, mujer y niño una ración equivalente a dos mil cuatrocientas o dos mil setecientas calorías diarias, dado que las necesidades alimentarías varían según los individuos, en función del trabajo que realizan y de las zonas climáticas donde viven. Si la distribución de alimentos en la Tierra fuera justa, habría comida suficiente para todo el mundo.
Según la FAO, podemos distinguir entre “hambruna estructural” y “hambruna coyuntural”. Ésta última está provocada por el derrumbe brutal, imprevisto, y a muy corto plazo de toda la infraestructura económica y social de una sociedad. Como por ejemplo, la devastación y destrucción de campos, caminos y pozos a causa de una sequía o un huracán; o como consecuencia de una guerra, donde se incendian las casas, la gente se echa a los caminos, se acaba con los mercados, que son una fuente económica para poder sobrevivir muchas personas.

Súbitamente, deja de haber alimento, y millones de personas se ven en la indigencia de la noche a la mañana. Si la ayuda internacional no llega muy rápido, mueren.
Al contrario de lo que pudiera pensarse, no es tan fácil combatir la “hambruna coyuntural”. No basta con llevar la cantidad suficiente de alimentos a las personas necesitadas lo más rápido posible. Administrar una ayuda de emergencia requiere un personal especializado y bien preparado.
Un trozo de pan o un puñado de arroz para un hombre, una mujer o un niño que padece hambre pueden ser mortales. El organismo de una persona hambrienta puede estar muy dañado, debilitado y alterado. Se necesitan sueros y alimentos específicos. A veces el aparato digestivo es demasiado débil y hay que administrar líquidos nutritivos por vía intravenosa.
La ayuda de emergencia es más que enviar contenedores de alimentos, es una operación logística y médica complicada y delicada.

La ayuda que se entrega a los gobiernos del Tercer Mundo viene con muchas ataduras. A menudo se debe gastar en productos estadounidenses y a la nación que la recibe se le exige dar preferencia a las inversiones de compañías de los Estados Unidos, substituyendo el consumo de mercancías y alimentos locales en favor de los importados, creando más dependencia, hambruna y deuda.

¿Una buena porción de la ayuda monetaria, nunca ve la luz publica, yendo directamente a las arcas personales de los gobernantes y funcionarios corruptos de los países que la reciben?.

Las intenciones de los países poderosos detrás de sus programas de inversiones, préstamos y ayudas no son mejorar a las masas en otros países. Esto no es verdaderamente el negocio en el que están. El propósito es servir los intereses de la acumulación global de capital, apropiarse de las tierras y las economías locales de la gente del Tercer Mundo, monopolizar sus mercados, disminuir sus salarios, esclavizar su trabajo con deudas enormes, privatizar su sector de servicios públicos e impedir que estas naciones emerjan como competidores comerciales no permitiendo que se desarrollen normalmente.

La ayuda externa no es más que un invento para sablear con más contumacia a las clases medias de Occidente y volver a colonizar África, a través del pasteleo entre sus tiranos a la hora de repartir el pastel económico. "La causa de la pobreza no puede encontrarse en la falta de riqueza, por cuanto la pobreza es esta falta de riqueza". Si la mayoría de los africanos son incapaces de prosperar debemos buscar la explicación, más bien, en la represión contra la propiedad privada que practican los gobiernos inestables de la región.

La cancelación de la deuda, por su parte, está basada en una idea bastante acertada: los individuos no pueden ser compelidos a saldar los compromisos crediticios que sus gobernantes les han impuesto sin su consentimiento. Sin embargo, ¿Uno no puede dejar de preguntarse de qué servirá sacar de la resaca a un beodo cuando está empecinado en seguir bebiendo cuando se recupere?.

El primer paso que hay que dar con respecto a la deuda externa es lograr que los propios tiranos la paguen total o parcialmente con cargo a sus fortunas personales. Cancelar la deuda supondría convalidar una situación de hecho inaceptable: el latrocinio de la clase política africana, sin lograr que ésta abandone el poder y deje de coaccionar a sus ciudadanos. En todo caso, alegar que la deuda externa genera la pobreza en África supone confundir las consecuencias con las causas. Los africanos no pueden devolver hoy su deuda porque son pobres: no son pobres porque no puedan devolverla. Si la creación de riqueza no estuviera perseguida en el Tercer Mundo, por la corrupción de sus gobernantes y por el capital occidental, generaría réditos suficientes para devolverla.

Con respecto a esto, las inversiones, la ayuda extranjera y los ajustes estructurales para que puedan funcionar realmente bien. Sólo hay un camino para terminar con la pobreza, que el capital no esté en las manos de los gobernantes corruptos, sino en manos de expertos financieros designados por los países que aportan las ayudas.

Si los Países ricos quiere terminar realmente con esta lacra mejor sería con politícas mas eficaces para combatir con la especulación que se producen con la aportación monetaria y de alimentos con efectos propagandistas para a callar una parte del sector social. Mientras tanto, hasta que no llegue esas reformas, sus prescripciones colonialistas y paternalistas sólo servirán para perpetuar, extender y profundizar la miseria de los africanos, agasajar a sus tiranos y aumentar las redes de corrupción de la zona.

Mientras tanto, o dicho de un modo que a buen seguro entenderán: "los ricos se vuelven más ricos y los pobres más pobres".

Hasta, que no acabemos con la pobresa y el hambre en este mundo globalizado, este fenómeno irá resurgiendo cada día mas en los países con falta de recursos económicos. Para poder parar esta tragedia humana hace falta la solidaridad de los países mas ricos de nuestro planeta, no solo en el económico, también en el humanitario. Hasta que esto no suceda, veremos grandes multitudes de personas ambulando de un sitio para otro buscando alimentos para llevarse a la boca. Cuando el hambre aprieta, no habrá fronteras, barreras, muros, alambradas, rios, oceanos, y tampoco barcos de guerra. Que puedan frenar a las grandes avalanchas de masas humanas hambrientas, que harán todo lo que este a su alcance para derribar todos los obstaculos que se entre pongan en su camino. Tal vez sea previsible, se nadie lo remedia para frenar esta catástrofe, a donde están enmersos una grande parte de la población mundial en una situación al limite sin alimentos para poder sobrevivir. Estaremos a las puertas de una de las mayores catástrofes en pleno siglo XXI. A donde morirá mucha gente por no tener nada que llevarse a la boca.