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Dentro de unos cuantos días, se celebran una de las fiestas más señaladas para el mundo cristiano, como son las Navidades. Uno de los temas que mas me preocupa como católico que soy, son las personas mas desamparadas las que viven en la calle a la intemperie las que yo llamo, “personas sin recursos”.
Mientras todos pasamos la Navidad en familia con la mesa repleta de comida hay quien celebrará este día bajo el frío en una de nuestras ciudades. En que las autoridades municipales y locales, invierte gran cantidad de euros en alumbrado, decoración de sus calles para unas fiestas navideñas pero que no sabe dar solución al terrible problema de las personas que viven en plena calle.
Ciudadanos de segunda, sin un rincón donde resguardarse, gentes que vemos todos los días refugiándose con mantas o cartones en el Metro, en los cajeros de los bancos, en los portales o en cualquier esquina parapetados ante al azote del aire y de la lluvia, en las duras noches de invierno. Son el rostro deplorable de nuestro progreso, los excluidos del sistema, los invisibles de un país industrializado situado entre los diez más ricos del planeta, personas que viven sin hogar y en marginación extrema en una sociedad del consumismo.
Son personas que viven en un mundo que crece con sigilo pero sin tregua y que alcanza ya a bastantes decenas de miles de personas en nuestro país; Es un colectivo del que forman parte cada vez más mujeres, jóvenes e inmigrantes. Gentes de todas partes, de las que realmente nadie se ocupa y a los que solo llega un soplo solidario de alguna ONG y también de la ayuda de una alma caritativa de alguna beneficencia religiosa.
¿Cuantas indigentes, se morirán de frío en este invierno por no tener un lugar a donde resguardarse? Pocos les echarán de menos, solo quedará un vago recuerdo en quienes sobrevivían con ellos, ante sus mismas circunstancias y los mismos peligros. ¿Cuántos sufrirán irreparablemente el invierno? Cuando el frío aprieta y la fobia ataca, solo falta que aceche la insolidaridad. Alrededor 30 mil indigentes duerme cada noche a la intemperie, sufriendo los rigores invernales, en los barrios céntricos de nuestras ciudades, otras personas se cobijan en saturados centros de acogida por toda la geografía peninsular y hay entre mil y tres mil que malviven de lo que consiguen pidiendo limosna.
Este colectivo necesitado de una eficaz ayuda pública, observa noche a noche como la sociedad consumista les da la espalda, incluso retirándoles en la calle la mirada que tanto molesta a los ojos del alma. La opulencia navideña tiene con ellos un bárbaro contraste no solucionable con limosnas o con aquello de "ponga un pobre en su mesa", aunque sean bienvenidos los gestos humanitarios, solo queda en buenas intenciones por parte de la sociedad.
Tienen una media de cuarenta años, en general son solteros y de bajo nivel de estudios y muchos con problemas de alcoholismo, droga y de salud; que perdieran su dignidad por motivos familiares (Ellas pierden con mayor dificultad el contacto con las redes Familiares y sociales) o laborales, o huérfanos de toda la vida, desahuciados, hombres que estafaban o por que se les estafó, quedaron en la bancarrota, abandonados a su suerte o simplemente por que nacieron en el lugar equivocado y que el sistema del bienestar social no le han dado otra oportunidad dejándoles tirados en las calles.
Sin embargo esto no es fruto de una fatalidad, ni hay porque resignarse a que siga el flujo de excluidos en nuestra sociedad del "bienestar". Por parte del gobierno de la nación es crear políticas futuras para atajar el problema de quienes viven a la intemperie, formar un grupo interministerial con rango oficial para discutir los problemas con múltiples facetas a los que se enfrentan las personas que duermen en la calle y determinar la mejor vía para enfrentarse a ellos a través del gobierno.
Cambios en los sistemas de gestión y en los procesos de toma de decisiones. Las comunidades o los ayuntamientos, proporcionar un Plan Regional para los departamentos de vivienda y servicios sociales, coordinado a través de las autoridades municipales y locales, en el que se pueden reunir regularmente con las asociaciones de voluntarios que trabajan en primera línea, alentando un enfoque sobre el problema de falta individual de medios como vivienda para estas personas.
También como ciudadanos que tenemos esa facultad con nuestro buen hacer de ponernos al lado de los más necesitados, denunciar a las administraciones del Estado Social, para buscar alternativas para cambiar la situación que se encuentran estas personas. De aquellos que ni siquiera les queda voz para hablar de sus necesidades, defender sus derechos o plantear su integración, también les debemos un lugar donde les alcance la justicia y la fraternidad. Solo con ellos podremos recuperar una dignidad colectiva perdida.
¿Con todo esto? Esta pobre gente en estas navidades, como otras tantas, esperando la solidaridad de un alma caritativa, que le invite al plato de la comida, o un lecho a donde dormir en la noche buena. A donde estas pobres criaturas puedan por lo menos pasar la noche buena agasajada en un entorno familiar. En una noche mágica que todo es felicidad, y alegría por el nacimiento de Jesús, y que no se vea ninguno sin hogar en la calle, sería la mayor alegría y satisfacción, que se podía dar a esta pobre gente.
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